La que lo coge del brazo y sonríe
He comenzado a proponer actividades para el futuro inmediato. No quiero acabar visitando hospitales y acariciando a niños enfermos para la foto del "Diez Minutos". Filíp a veces se cansa de los actos interminables, de los días interminables de saludos y besamanos. (Pobre santo, a veces le hago masajes en los pies, que se le hinchan y parece que fuesen a explotar).
No quiero ser la que lo coge del brazo y sonríe, de por vida. Ni que ése sea mi papel en España. La Casa está de acuerdo. Es posible que el año entrante nadie sepa nada de mí, nadie acuerde de mí, ni haya una sola portada mía. Eso significará que he comenzado a ser útil.
No fue un almuerzo aburrido el de ayer con José Luis y Sonsoles. Es más, tenía personales deseos de conocerlos, de conversar. Nos unen muchas cosas, pero hay dos que fomentan el diálogo: somos de generaciones semejantes y nos gusta, a los cuatro, la literatura. José Luis nos regaló la lectura de "Los Justos", un poema de Borges a quien Filíp y yo admiramos, y que quiero compartir hoy con vosotros:
Ayer tuve en mis manos, por primera vez, la moneda conmemorativa de la Boda. Había visto los bocetos, pero nunca hasta hoy una de ellas se me había perdido en el bolsillo. Tuve el impulso de salir a por el periódico, pagar con una y que me dieran el cambio, para ver si era cierto. Poco a poco me voy acostumbrando a casi todo, pero a veces, como ahora que escribo con mi moneda en la mesa, durante un segundo vuelvo a sorprenderme, a creer que un día habré de despertar en el mundo real, el mundo de siempre, donde las monedas no llevan ni llevarán nunca mi rostro grabado.




